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miércoles, 19 de abril de 2017

Esa Mujer a Caballo














 Imagen de la red

No sé qué tiene esa mujer 
cuando galopa a lomos de su caballo; 
algo mágico debe ser
pues la miro y no me hallo.
Es ansiedad lo que siento
al contemplar su pelo al viento,
al ver su rostro concentrado
y el espíritu, libre,
de mi tan lejano.

Que quisiera ser equino
y no este humilde humano.
Ana Sefern

sábado, 15 de abril de 2017

Azul

Pintura abstracta-(Imagen de la red)


Serenidad que emana un mar azul en calma
donde brillan decenas de reflejos dorados.
Sentimientos placenteros del azul de los sueños bonitos.
Cielo límpido de verano, intensamente azul, recién nacido. 
El lapislázuli de sus ojos sombreados, 
un arcoíris de azules variados.
Azul celeste, cobalto, zafiro.
Azul de la noche sin luto,
de sombras nocturnas a la luz de luna.
Azul océano, egeo, ártico, 
azul cerúleo, azul rey, azul marino... 
Como tu corazón, tan azul y tan frío.

Ana Sefern

jueves, 6 de abril de 2017

Primavera que Enamora



Días de luz, de colores brillantes, brotes verdes 
y flores despampanantes. 
Cuando el sol es muchos soles,
ora templado, ora tímido o un poco descarado, 
a ratos hiriente, a ratos mojado. 
Días de mañanas recién lavadas, 
de hierba de rocío perlada,
de tardes sin fin y cielos azulados 
que me cuentan un cuento en dulces trinos narrado. 
Murmura el arroyo una tierna nana
croa la rana feliz en su charca, 
se despereza la rama agitando su traje 
y sopla brisa nueva que me habla en su lenguaje.
Primavera que enamora los sentidos, que palpita vida, 
que acelera mis latidos.

Ana Sefern

lunes, 27 de marzo de 2017

Pequeños Detalles

Imagen de la red

Me sorprende y admira una flor nacida entre las malas hierbas. Me gusta el murmullo del río, el canto del gallo en la callada alborada, el sonido lejano de los aperos de labranza. Me estremece la vieja puerta de madera castigada por los años, dando paso al hogar que una vez fue y ya no es. Adoro el canto de las escandalosas chicharras en los días de verano, suspiro cuando callan al pasar junto a su árbol. Amo el silencio que solo se rompe por el trino de los pájaros o, en la noche, por el croar de la rana en su charca y el ulular de la lechuza que atisba la oscuridad desde una rama. Me impresionan las sombras y me atrae su misterio, el silencio del camposanto del pueblo, sus antiguos monumentos de piedra, la belleza que encierra tanta tristeza. Una estación desierta de pasajeros me inspira, el olor del tren me evoca recuerdos. Una playa cualquiera al romper el día me hace sentir agradecida; la soledad, la compañía del mar, el son de las olas que lamen mis pies en la orilla y huyen esquivas, unas gaviotas que maúllan surcando el cielo, un acantilado escarpado, un banco con vistas al horizonte, el faro a lo lejos, erguido e impertérrito, su luz intermitente saludando al marinero. Qué tesoro encontrar fotos en desvaído blanco y negro, quizá de caras y lugares desconocidos, eso no importa, así imagino, hilvano, coso, desentraño los secretos del momento congelado... Y nace una historia. 
Viejas novelas de hojas amarillentas, un comic releído, periódicos manoseados, emisores de noticias añejas que un día importaron. Un primoroso encaje tejido con amor, el costurero de la abuela, el aroma a ropa limpia de la cómoda, de una calle con olor a chocolate, del pan recién horneado, de la tienda de juguetes, de un perfume que trae, como la marea, difuminadas sensaciones.
Me gusta seguir las fases de la luna, dejarme bañar por la luz blanca que cruza la ventana, olfatear el aire después de una buena lluvia, el aroma del jazmín, de la hierba recién cortada, de un café por la mañana. Me hace soñar el susurro del bosque, el crujir de las hojas secas, los ocres del otoño, el invierno desnudo; también cuando la primavera me despierta con su brillo cegador, el verano me amodorra y respira en mi cuello una brisa tenue, salvadora. 
Me gusta reír hasta llorar, llorar hasta vaciarme, respirar hondo y caminar. Caminar por la vida entre tantos pequeños detalles.

Ana Sefern

jueves, 9 de marzo de 2017

Detrás de una Sonrisa


Imagen de la red

Siempre de broma en broma, pronto al chascarrillo,
tararea una desafinada melodía de pegadizo estribillo.
Una vez le hirieron de muerte y él se volvió niño, 
corazón quebrado, mendigo de cariño.
Flores marchitas en el alma, sus manos vacías, 
va repartiendo alegría con el corazón encogido.
Viejo clown de zapatos raídos, desvaída nariz roja 
y arrugada camisa, 
nunca olvidaré tus ojos de mirada triste.
Recordaré siempre tu perenne sonrisa.
Ana Sefern

domingo, 26 de febrero de 2017

En una Mañana de Lluvia

















Imagen de la red

Amanece un nuevo día, un día fusco pero renovado, no como sus huesos que aunque siempre andan ofuscados, no les renueva ni un buen colchón, ni eso que llaman descanso reparador. Una alucinación, que si acaso tiene algo de veraz, dura no más de cinco minutos para después evaporarse y regresarla a su renqueante realidad cotidiana. Hoy va a ser un día complicado. Toca arrastrarse, ponerse la sonrisa postiza no vaya a parecer que una está amargada, eso resulta muy incómodo cuando es viernes y el mundo tiene ganas de jarana o de descansar en paz... en el sofá. Toca, qué novedad, hacer de paño de lágrimas, o de sparring, de su compañera de trabajo, Pepita por más señas, que dice que es su amiga pero que nunca le pregunta si necesita algo, porque las necesidades de todo tipo y naturaleza son exclusivamente de su propiedad desde que la conoce, así que mejor no le vayas con tonterías, porque "te quejas de vicio y tú no sabes lo que yo tengo encima".
Se asoma a la ventana antes de salir a asaltar la calle y ve que está lloviendo. Coge el paraguas y piensa que asaltar la calle con un paraguas, si se toma de forma literal, suena muy ridículo, jaja. Maldición, oh maldición, por eso se le engancha la rodilla, con razón parece que el día se presenta caminando con el culo, es culpa de la jodida humedad.
Toca andar bajo la lluvia, que no cantar ni pasear, y la lluvia no es poca, además de que hace un frío pelado. Una mujer casi le saca un ojo con su paraguas al cruzarse en la acera. Ella la mira, iracunda, pero la doña tiene prisa y ni se entera, continúa taconeando con brío mientras la sigue con mirada airada. Al ir a cruzar la calle, a la doña se le tuerce un tacón y se libra, por muy poco, de caer de rodillas. Ella observa, expectante, sus movimientos espasmódicos para evitarlo y suelta un bufido de risa que no trata de disimular ante ojos acusadores, pero también sonrientes (hipocritillas). En vista de que la doña logra recuperar el equilibrio aunque, seguramente, no toda su dignidad, da media vuelta y prosigue su camino conservando una amplia sonrisa. Otro hombre la mira con expresión extraña, como de precaución, y eso le provoca un segundo bufido que suena como un eructo descomunal. El desconocido se hace a un lado para cederle el paso, acaso es una maníaca o una epiléptica sin medicación y le da por atacarle, que hoy en día ni de un ancianito te puedes fiar, los hay que hasta asaltan bancos, qué cojones, ¿a dónde está yendo a parar el mundo? 
Ante el detalle de "cortesía" del individuo ya no puede reprimir una sonora carcajada y el hombre, definitivamente alarmado, aprieta el paso en dirección contraria. 
Es muy incómodo tener un ataque de risa que no apetece tener. Porque  llueve, porque le duele todo, porque está en plena calle pero, sobre todo, porque está sola y hasta ella piensa de sí misma que se le va un poco la olla, de lo que deduce que no solo tiene un ataque de risa, sino que lo padece. 
Dios, que ganas de llegar al trabajo, quién iba a pensarlo. En cuanto Valcárcel asoma su cara de estreñido por la puerta del despacho, lo que una desea es huir, no reír, el tipo es feo como un anticristo con anorexia en fase terminal y su carácter no dista gran cosa del de un engendro demoníaco de la peor calaña, así que es un buen antídoto para cortar el hipo y los ataques de risa absurdos. 
La lluvia arrecia junto con el viento, no está segura de que el paraguas aguante las embestidas y lo aferra con fuerza mientras intenta posicionarse a su favor. La mujer que camina detrás de ella suelta un chillido al tiempo que su paraguas se da la vuelta y se descuajaringa. Su melena, en pie de guerra, apunta al cielo, parece que una mano invisible la está agarrando por el pelo desde arriba para elevarla y canonizarla. Pero se percata de que es Pepita y piensa que antes de ascender, primero tiene que pasar por el purgatorio y no sabe si eso está arriba a la derecha o a la izquierda, abajo.
"Suéltalo", le dice acercándose a ella. Pepita la mira agresivamente, arroja el paraguas al suelo y se agarra al suyo para no acabar como una sopa. En los pocos metros que caminan juntas hasta llegar a la oficina, su extraño ataque de hilaridad se ha evaporado por completo.
Encima le debe un favor.
Ana Sefern 

viernes, 3 de febrero de 2017

Mi Amor no se Muere


Franz Dvorak painting- La Pureza y la Pasión

Pueden separarnos un sinfín de kilómetros, 
marchitarse las flores de mil primaveras;
puede el viento acallar tu voz, 
tiritarme de frío el alma, 
latir más lento mi corazón. 
Tal vez el tiempo desdibuje tus facciones en mi memoria, 
acreciente el desencanto, 
cubra con un velo los recuerdos que creamos tú y yo. 
Pero el sentimiento pervive, 
mi amor es eterno,
mi amor no se muere... 
Ana Sefern

lunes, 16 de enero de 2017

Destello de Sol

Imagen de la red

Se encontraron por vez primera y descubrió que ya le conocía de tantas veces como le había soñado. Le dijo: abrázate a mis sueños como yo a los tuyos e iniciemos juntos el viaje de nuestra vida. Un poco cursi, algo grandilocuente, pero lo sentía así.
Con cada recuerdo tejió ella su bandera y la idolatró. Solía decirle, copiando de otro estas palabras que reflejaban su realidad: "eres mi "nada" cuando la gente me encuentra con la mirada perdida y me pregunta: ¿en qué piensas?"  
Y resultó ser solo eso: nada. No le conocía, fue un destello de sol que la obligó a cerrar los ojos y no ver.
Ana Sefern